El hornazo salmantino: un emblema de la gastronomía local
El hornazo de Salamanca es mucho más que una simple empanada; es un símbolo arraigado en la historia y las tradiciones salmantinas. Además de ser una muestra clara de la riqueza gastronómica de la región, está ligado a un ritual festivo que, aún hoy, se conserva: el Lunes de Aguas.
Raíces históricas
Durante la Edad Media, la elaboración de masas de pan rellenas era una práctica común en la península ibérica. En Salamanca, esta costumbre culinaria se convirtió en una tradición con identidad propia, concretándose en una festividad local muy arraigada en la actualidad: el Lunes de Aguas.
Esta festividad tiene su origen histórico en la Cuaresma del siglo XVI. En 1543, Felipe II visitó Salamanca para casarse con María Manuela de Portugal. Al ver el libertinaje de la comunidad estudiantil, promulgó un edicto religioso para prohibir todo pecado carnal y expulsar a las mujeres de “vida alegre” al otro lado del río Tormes durante el periodo de abstinencia. El lunes siguiene al finalizar de la Cuaresma, se organizaba una gran fiesta campestre acompañada de hornazo, para celebrar la vuelta a la ciudad de las prostitutas.
Actualmente, el Lunes de Aguas se ha convertido en una festividad familiar y de convivencia al aire libre, declarada Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León. Los salmantinos se reúnen en parques, campos o la propia ribera del Tormes para comer el hornazo.
El hornazo de Salamanca: patrimonio cultural
Hoy en día, el hornazo forma parte del patrimonio cultural salmantino y su consumo se ha extendido a lo largo de todo el año. Es común encontrarlo en celebraciones familiares y eventos locales. Su popularidad ha traspasado fronteras y es valorado por amantes de la gastronomía que buscan productos auténticos y artesanales.

